Mucho más que una escuela de enfermeras

Malí es hoy un país aislado, desconocido para la mayoría, sometido al acoso del terrorismo y marcado por la pobreza. A pesar de ello, la juventud maliense no ceja en su empeño de salir adelante y aspira a no tener que emigrar, jugándose la vida, en busca de un futuro para sus hijos. Muestra de ello son las jóvenes de Segú que forman parte de la escuela de enfermeras que las Religiosas de María Inmaculada pusieron en marcha con el apoyo de Manos Unidas.

Mali - Escuela de enfermeras - Foto Manos Unidas

Parece mentira que Malí, nuestro destino, se encuentre a tan solo cinco horas de vuelo desde París. ¿Cómo es posible que, en tan corto espacio de tiempo, se pueda dejar atrás el sofisticado glamour del día a día parisino para aterrizar en un país donde el tiempo pareció detenerse hace décadas? Malí, el inmenso país africano, hasta hace poco destino turístico para viajeros ávidos de aventura, es hoy un país aislado, desconocido para la mayoría, sometido al acoso del terrorismo y marcado por la pobreza y la falta de oportunidades.

Hace ya cinco años que «las de Manos Unidas» no viajamos a Malí. El golpe de Estado de marzo de 2012 llevó la inestabilidad a un país que siempre se había caracterizado por su hospitalidad. Desde entonces, el segundo país más grande de África occidental vive bajo la amenaza del terror yihadista y se ha convertido en un destino poco recomendable para los extranjeros, con unos indicadores de desarrollo que se encuentran entre los peores del mundo. A pesar de ello, la juventud maliense no ceja en su empeño de salir adelante y aspira a no tener que emigrar, jugándose la vida en el viaje, en busca de un futuro para sus hijos.

La juventud maliense no ceja en su empeño de salir adelante y aspira a no tener que emigrar, jugándose la vida en el viaje, en busca de un futuro para sus hijos.

Entre los desafíos más acuciantes a los que se enfrenta la población están los relativos a la salud, muy relacionados con la pobreza y la desnutrición. Esas carencias sanitarias fueron el detonante para que, en 1995, Manos Unidas y las Religiosas de María Inmaculada pusieran en marcha, en la ciudad de Segú, el apasionante proyecto de creación de una escuela de enfermeras para preparar a 240 jóvenes al año. Desde entonces, la iniciativa ha contribuido a fortalecer las capacidades de las mujeres en salud pública y en atención materno infantil, en un país en el que la mujer se encuentra completamente marginada e infravalorada. Los estudios están reconocidos por el Estado y el hecho de obtener un diploma dota a la mujer de más peso en la familia y de gran prestigio social. La formación incrementa notablemente sus posibilidades de acceder a un puesto de trabajo lo que les proporciona una gran independencia económica y una libertad de la que antes carecían.

Mali Foto Javier Mármol Manos UnidasAdemás, los conocimientos adquiridos por las mujeres redundan directamente en sus familias y en sus comunidades, amén de contribuir a la mejora en la higiene, la salud y el desarrollo del país. La formación que reciben en el centro no se limita únicamente al estudio teórico sino que es obligatorio que las alumnas realicen prácticas que les proporcionan contacto con la realidad y permiten que se enfrenten, desde el inicio de sus estudios, a casos médicos reales como los que se encontrarán en un futuro.

Durante todos estos años, las Religiosas de María Inmaculada, que nunca han querido abandonar Malí, han trabajado con valor y entrega en la promoción de las mujeres para que sean reconocidas socialmente y ellas mismas sean conscientes de su papel esencial en todos los ámbitos de la vida. Para Manos Unidas, conociendo la mentalidad del país, la existencia de esta escuela de prestigio dirigida por mujeres y para mujeres se hace aún más importante. Tanto es así que, cuando en el año 2015, las religiosas, capitaneadas por las hermanas Mariángeles García y Ana Barba, decidieron, junto a un gran equipo local al que ellas han formado, ampliar el centro, Manos Unidas no dudó en apoyar esta iniciativa y seguir caminando al lado de la población más desfavorecida de Malí.

Antes…

En nuestro primer viaje a Malí, hace ya décadas, visitamos varios dispensarios y maternidades y comprobamos el grado de precariedad que había en esos centros: las mujeres que tenían la suerte de parir en una maternidad estaban a merced de los animales, las cabras se subían a los camastros y se comían las placentas de las mujeres, que estaban rodeadas de suciedad y basura acumulada que nadie se molestaba en recoger.

Mali - Foto Manos Unidas

…Y después

Años más tarde, en nuestra última visita al país, en 2012, comprobamos con gran alegría cómo en los lugares donde trabajan las enfermeras formadas en «nuestro proyecto», la situación había cambiado: el orden, la limpieza y la atención médica de las jóvenes diplomadas habían reducido la mortalidad y las enfermedades de los pacientes. Durante nuestro periplo visitamos dispensarios a lo largo de todo el país y pudimos constatar que, en todos ellos, estas enfermeras son las más valoradas y demandadas por la población.

Texto de Belén Bertrand, Departamento de Proyectos de África.
Este artículo fue publicado en la Revista de Manos Unidas nº 205 (febrero-mayo 2018).

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