Una mirada a nuestro trabajo en Haití, un país en estado de emergencia

«Dèyè mòn gen mòn» es un refrán creole cuya traducción vendría a ser «tras las montañas siempre hay más montañas», y nos permite contextualizar la situación de Haití: desgracia tras desgracia, montaña tras montaña; pero siempre con la esperanza de encontrar un futuro mejor, tras las montañas. Este texto refleja cómo es nuestro trabajo en el país y cómo fue nuestra respuesta al huracán Matthew.

Una mirada a nuestro trabajo en Haití, un país en estado de emergencia

El paso del huracán Matthew por Haití durante la primera semana de octubre de 2016 supuso un nuevo revés para un país que parece condenado a vivir en un permanente estado de emergencia. Todo el mundo recuerda el terremoto de 2010, una catástrofe tan desproporcionada que, aún a día de hoy, es imposible valorar en su verdadera dimensión: más de 200.000 muertos, pérdidas incontables en viviendas e infraestructuras y un golpe brutal al tejido asociativo, productivo, social y político del que Haití todavía no se ha recuperado.

Ya antes del 12 de enero de 2010 Haití era el país más pobre de América; ya era un país con graves problemas de acceso a la alimentación, a la salud, a la educación... Desde entonces, y a pesar del esfuerzo de miles de personas y organizaciones comprometidas con el pueblo haitiano, el país se ha sumido en una espiral de desgracia e inestabilidad que compromete seriamente los esfuerzos de la población por salir adelante. En los meses previos al huracán, Haití vivió una emergencia alimentaria por una grave sequía asociada al fenómeno El Niño; toda la red pública de salud estuvo cerrada durante meses porque los médicos no cobraban, como los profesores, los policías…

Debemos entender, por tanto, que el huracán Matthew arrasó un país ya de por sí arrasado: viviendas altamente vulnerables, baja capacidad de respuesta o anticipación de las autoridades públicas, infraestructuras ruinosas y una deforestación total de la cobertura vegetal que desprotege aún más a la población frente a las riadas y corrimientos de tierra. El primer impacto del Matthew se llevó 1.000 vidas humanas y afectó a 2 millones de personas (sin casa, sin acceso a agua, con las cosechas arruinadas, heridas, aisladas…). Según pasaron las semanas, cuando la emergencia dejaba de ocupar espacio en los medios de comunicación, vimos cómo aparecían dos amenazas quizá más grandes que el propio huracán: el cólera y el hambre.

Desde Manos Unidas se contactó con nuestros socios locales desde el primer momento, intentando analizar de qué manera podíamos ser más útiles, cómo podíamos acompañar la respuesta que ellos mismos estaban preparando. En una primera fase, trabajamos en el envío de ayuda médica para la atención a afectados y prevención del cólera en los hospitales y centros de salud donde ya estábamos presentes con anterioridad, como el Hospital St. Damien en Port-Au-Prince. Estos centros de salud operaron, y continúan operando, como centros logísticos para tratar de hacer llegar a las comunidades rurales del sur y del oeste el trabajo de atención y prevención contra el cólera.

Junto a otras actividades propias de la emergencia (rehabilitación de viviendas o reparación de caminos para acceder a comunidades a las que no podía llegar ayuda), iniciamos un proceso para identificar proyectos de mejora productiva con socios locales de todo el país. No podemos olvidar que la zona más afectada era considerada el granero de Haití; un granero relativo porque, como señalábamos antes, el país estaba en emergencia alimentaria desde antes del huracán. En ese sentido, y con una reflexión que también es el eje del trabajo de Manos Unidas, asumimos que ante el avance del hambre es necesario organizar, formar y dotar de herramientas y medios a las familias que viven de la agricultura y la ganadería de subsistencia; es decir, a la mayoría del pueblo haitiano. En Haití se da la paradoja de que una población mayoritariamente dedicada a la agricultura no es capaz de abastecerse y debe recurrir a la ayuda exterior y a la importación de productos básicos como el arroz y el maíz.

Desde la modestia de nuestras posibilidades, pero también con el firme convencimiento de que nuestra ayuda contribuye a mejorar la vida de miles de haitianos, continuaremos el trabajo en el país como venimos haciendo desde hace 40 años, acompañando a las organizaciones locales, a las congregaciones, a las parroquias, a las mujeres y a los hombres de Haití para que puedan encontrar el país que se merecen. Tras las montañas.

Isa Solá - Foto María E. Díaz Manos UnidasEn recuerdo de Isa Solá
En 2016 fue asesinada en Puerto Príncipe nuestra querida amiga Isa Solá, misionera española que tanto nos ayudó después del terremoto, quien tanto nos podría haber ayudado después del huracán, pero, sobre todo, quien tanto recibió del pueblo haitiano, pueblo heroico en la desgracia.

Texto de Lucas Bolado, Departamento de Proyectos de América.
Este artículo fue publicado en la Revista de Manos Unidas nº 202 (febrero-mayo 2017).

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