“Pido perdón por las veces que no ayudé a las mujeres”

“Pido perdón por las veces que no ayudé a las mujeres”. Impresionan las primeras palabras del jesuita mexicano José Avilés Arriola en la conferencia que ofreció en la sede de los Servicios Centrales de Manos Unidas, después de recorrer parte de la geografía española con motivo de la presentación de la campaña “No hay justicia sin igualdad”.

Manos Unidas José Avilés Foto Irene Hernández-Sanjuán

“Pido perdón por las veces que no ayudé a las mujeres”. Impresionan las primeras palabras del jesuita mexicano José Avilés Arriola en la conferencia que ofreció en la sede de los Servicios Centrales de Manos Unidas, después de recorrer parte de la geografía española con motivo de la  presentación de la campaña “No hay justicia sin igualdad”.

El padre Avilés ha pasado veinticinco de sus 55 años de vida en Chiapas, trabajando por los derechos de los indígenas Tsetal y luchando porque las mujeres accedan al puesto que les corresponde en la sociedad. Además, Pepe Avilés es vicario de Justicia y Paz de la diócesis de San Cristóbal de las Casas y director de la misión de Bachajón, situada al norte de Chiapas, un estado tristemente conocido por los altos índices de violencia y de pobreza. Y también fue fundador y director del Centro de Derechos Indígenas (CEDIAC) y presidente del Consejo Directivo del Centro de Apoyo Educativo para la Comunidad (CAEC).

La mujer, aplastada

A lo largo de su intervención, el jesuita fue describiendo el paisaje de luces y sombras que mejor conoce, el de su propio país, no sin antes detenerse a analizar el contenido y el significado de esta campaña recién estrenada.   

¿Cuántas veces no hemos ido hacia atrás en cuestiones de justicia?, se preguntaba el misionero, tras hacer referencia al término JUSTICIA tan presente al Documento Base de Manos Unidas. Con los años, mientras las sociedades iban avanzando se nos ha olvidado lo que dice el Génesis, que hombres y mujeres fueron creados iguales por Dios: ‘A imagen suya los creó. Hombre y mujer los creó’”.

“El capitalismo actual no tiene corazón y no quiere que nosotros tengamos corazón. Y en medio del desarrollo sigue aplastada la mujer en los países desarrollados y mucho más en los menos desarrollados”, aseguró antes de referirse al nacimiento de Manos Unidas, como “precisamente, uno de esos proyectos que surgieron a mediados del siglo XX para luchar contra estas estructuras de injusticia”.  

Sombrío panorama

Avilés se refirió, además, a la violencia como una de las principales sombras que se ciernen sobre su país. Y lo documentó con datos: en el último año, la violencia se cobró 90.000 vidas en México. Entre ellos, siete periodistas amenazados por buscar la verdad.  

En Ciudad Juárez, por ejemplo, en el año 2010, murieron asesinadas 3.100 mujeres. Y detrás de cada cifra, de cada vida segada, de cada muerte “hay duelos y traumas difíciles de solucionar”.

Otra de las sombras que oscurecen la vida en México es la emigración: 20 millones de mexicanos han dejado atrás sus vidas en los últimos 19 años, buscando futuro en otros países. Porque en México los índices de pobreza son altos “y los Tratados de libre Comercio no han solucionado las situaciones de pobreza”.

 Niñas indígenas en Chiapas. Foto:Mª Eugenia Díaz

En Chiapas

Y, en todas estas situaciones que fue describiendo Pepe Avilés, “la mujer es la que sale peor parada”. De cada seis hijos que tienen las mujeres pobres mexicanas, cuatro terminan por irse a otros países. Y no solo eso, en Chiapas de cada 1.000 mujeres que estudian sólo una va a la Universidad. Entonces, impulsadas muchas por la idea de llegar a EEUU, terminan metiéndose en un mundo de prostitución, buscando recursos con los que pagar sus deudas. Y nunca llegan a cumplir su sueño, ni se liberan de esas cargas económicas que adquirieron.

Además, la situación de desamparo y desgobierno ha permitido que, desde hace por lo menos tres décadas, exista la a venta de niños y niñas en Chiapas. A estos pequeños los tienen “bien cuidados”, así son más útiles para sacrificarlos si se necesita un órgano, y las niñas más atractivas para dedicarlas a la prostitución.

Niña indígena en Chiapas. Foto:Mª Eugenia Díaz

En Chiapas la violencia es una constante. Existe entre hombres y mujeres, en la zona dominada por las por guerrillas; en las tierras cultivables, único sustento de muchas familias utilizadas ahora para sembrar transgénicos... “¡en un país donde el maíz da el nombre de la cultura!” (Maya viene de maíz). El padre Avilés denuncia sin tapujos: “esos transgénicos, como los que produce Monsanto, envenenan a la población. Y hay que denunciarlo con todas las letras”.  

E imaginamos que esa justicia que reclaman, a veces, se hace esperar demasiado. 

El 22 de diciembre de 1997 hubo una masacre en el municipio de Chenalhó, en Chiapas; "la Matanza de Acteal": 45 personas asesinadas, 20 mujeres (algunas embarazadas), 9 adultos y el resto niños.... “Ahí no se ha hecho justicia y esto genera también violencia en la zona”. Las mujeres jugaron un papel fundamental en la defensa de sus intereses (http://es.m.wikipedia.org/wiki/Matanza_de_Acteal)

Pero siempre hay luz

Y en este panorama, ¿dónde encuentra la luz Pepe Avilés? En los muchos ejemplos de trato de Jesús con las mujeres. Y, cada día, en los valores de la comunidad indígena: en su autonomía, en el respeto a los mayores y a su “escuela”, en sus fiestas y tradiciones, en la lengua no excluyente... “Estos pueblos sobreviven porque saben vivir. En los países ricos se ha perdido también el respeto a la familia, a los padres, a los mayores…”.

Luz en medio de esas sombras es el trabajo de las mujeres de Acteal y sus cooperativas. Esas valientes mujeres que lograron la ley seca y la prohibición del alcohol, que estaba masacrando a las familias. Luz son las tejedoras de flores…

Y luz son los proyectos de Manos Unidas con producción de alimentos ecológicos y orgánicos, con acumuladores de agua de lluvia, con hornos de ahorro de leña, con nuevas tecnologías aplicadas, que están ayudando a las comunidades... Eso es luz.

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Más sobre Pepe Avilés:

Conferencia de Pepe Avilés en el Palau Robert: Ver vídeo  

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